España, capital Madrid

FONT:   EL PAIS
César Molinas 4 MAR 2012 – 01:00 CET
(SERIE: ¿QUÉ PROYECTO PARA ESPAÑA? – 1)

– La aberración geográfica de Madrid es una de las causas determinantes de la anomalía histórica de España y de su tardía incorporación a la modernidad
– Madrid estuvo aislada durante siglos de los flujos económicos
– La corte no tuvo nunca el contrapeso de una villa industriosa
– La manera de prosperar por el favor político sigue siendo la misma
– Es una concepción de los negocios reflejada en el palco del Bernabéu

Desde muy antiguo, los humanos eligieron para establecerse lugares próximos al mar o a ríos navegables. La razón principal era el transporte: en ausencia de autopistas, ferrocarriles y aeropuertos, el agua ofrecía el medio de transporte más rápido, barato y seguro. Como no podía ser de otra manera, junto a las mercancías navegaban también las compañeras inseparables del comercio: las ideas y las innovaciones. Las principales capitales europeas —Londres, París, Berlín, Roma, Viena, Budapest, Moscú…— tienen acceso inmediato al transporte marítimo o fluvial. La excepción es Madrid, que, sita en un altiplano, está a varios centenares de kilómetros del agua navegable más cercana. La villa del Manzanares tiene otra característica geográfica relevante: con 655 metros de altura media, Madrid está más alta que Berna o que Vaduz. Es, después de Andorra la Vella, la capital más alta de Europa, dato que ilustra bien la penosa dificultad de sus accesos.

¿Quién tuvo la ocurrencia de situar la capital en un lugar de geografía tan adversa? La historia cuenta que fue Felipe II, atendiendo al consejo de su padre de que estableciese una capital fija. A priori, el Austria tenía tres posibilidades obvias: Sevilla, Lisboa y Barcelona. La última se descartó, probablemente, por razones políticas, porque, tras el aplastamiento de la revuelta de los comuneros, el rey tenía mucho más poder en el reino de Castilla que en el de Aragón. Lisboa podía parecer de incorporación demasiado reciente. ¿Y Sevilla? ¿Por qué, en plena empresa americana, no se estableció el monarca en Sevilla? Especulando con la psicología de un personaje que, puestos a instalarse en el centro de la Península, decidió hacerlo no en Toledo, sino en Madrid —a la sazón, tercera población de Castilla, pero que no tenía obispo—, puede aventurarse que Felipe II no quería tener cerca a nadie que pudiera hacerle algo de sombra, hipótesis esta avalada por el hecho de que, no satisfecho con la soledad del páramo madrileño, el soberano decidió encaramarse al risco de El Escorial, en donde aún reposan sus restos.

Así las cosas, la villa acogió a la corte. Este fue, en mi opinión, un hecho trascendental en la historia de España, que ha marcado de manera indeleble la cosmovisión (weltanschauung), la cultura, la economía y la sociedad españolas. Por decirlo con mayor claridad: la aberración geográfica de Madrid es una de las causas determinantes de la anomalía histórica de España, es decir, de su no incorporación a la modernidad. En este artículo me voy a centrar en las consecuencias económicas y de articulación territorial, dejando otras dimensiones del fenómeno para artículos posteriores.

Durante siglos, Madrid fue tan solo una corte, situada en el centro inaccesible de un rincón de Europa, aislada de los flujos económicos y comerciales y, con ello, de los flujos de las ideas y de la innovación. En ese contexto se produjo el tránsito de las élites españolas, que tuvieron proyección universal en el siglo XVI, al inmovilismo más cerril en lo religioso, cultural, social y económico. Y con ello, como veremos en el tercer artículo de esta serie, se debilitó la fuerza centrípeta que mantenía unidas las diversas posesiones del monarca español, en las que no se ponía el sol. Madrid se caracterizaba más por lo que le faltaba que por lo que tenía. Como corte tenía, como todas las cortes, cortesanos, cortesanas, pintores, músicos y escritores. Como villa faltaba la ambición de los comerciantes y de los emprendedores, y la actividad de los científicos y los ingenieros. Y la circulación de ideas. La corte reaccionaria, al contrario que en otros países europeos, nunca tuvo el contrapeso de una villa dinámica, industriosa y culturalmente inquieta que pudiera contribuir a aproximar España a las nuevas corrientes que estaban transformando Europa. El aislamiento de la élite gobernante propició que España se convirtiese en el bastión de la resistencia a la reforma protestante primero y a toda forma de progreso después, como ilustra la anécdota, por otra parte deliciosa, de que la lista de los 400 suscriptores españoles que tuvo la enciclopedia francesa estuviese encabezada por el gran inquisidor y los principales ejecutivos del Santo Oficio. Admirable profesionalidad, digo yo.

LLEGIR MÉS A:    http://economia.elpais.com/economia/2012/03/02/actualidad/1330712282_179577.html

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